miércoles, 3 de noviembre de 2010

martes, 22 de junio de 2010

Vanity


Cada día cambiamos, cada día morimos, y sin embargo nos creemos eternos. Nadie puede evitar hacerse viejo, por mucho que hayan tratamientos de belleza y cirugía que remedien parcialmente ese aspecto flácido y desgastado. Nada se puede hacer contra los estragos de un tiempo que frenéticamente se va apoderando de ese cuerpo. Ese cuerpo que era objeto de miradas de asombro y con el que con un solo movimiento involuntario de muñeca podias traer a los locos a tu puerta, así de fácil. Ni lo intentes ahora. Esos labios nuevos y tu piel estirada hasta el cogote no pueden esconder todo lo que has vivido y lo único que has conseguido es que te miren descaradamente y apuesten por si eres un travestido o sólo alguien con una grave hinchazón en la cara. De todos modos, habiendo conseguido o no ese aspecto juvenil, tu corazón, roto, quizás, demasiadas veces, late cada vez mas débil, con dificultad para bombear esa sangre aguada al cerebro, y tu vejiga te obliga a ir al baño constantemente. Es duro admitirlo.
Tardarás en entender por qué te ocurre esto a ti, !!a ti!! ya que creias que la vejez, la muerte era algo por la que sólo los demás pasaban. Que podrias llegar a ser joven para siempre, con el brillo que los niños tienen cuando descubren nuevas fragancias o texturas y la pasion reflejados en los ojos, para siempre. Igual tambien te habias tragado demasiadas peliculas de vampiros que te regalan la vida eterna y otras historietas de ciencia ficción. Es bonito creer en ello pero, vamos admítelo, es una absurdidez.


Es inevitable pensar en ello y asustarse, y cuando nos asustamos podemos hacer dos cosas: aceptar el porvenir o crear un estado de embriaguez o shock para bloquear esa triste realidad. De un modo u otro, seguiremos con lo mismo que estabamos haciendo hace 5 minutos o durante toda nuestra vida, y, en raras ocasiones, elegiremos cambiar nuestra aburrida existencia condicionada por los minutos, las horas, los anos, y tambien los espejos.

Algun día padeceremos, desapareceremos, pero nunca, o sólo hasta el último suspiro, admitiremos como fracasados que nuestra hora ha llegado.

martes, 20 de enero de 2009

Productos

Sois el producto de una época. No. Echarle la culpa a la época es demasiado fácil. Sois productos. Y punto. Ya que a la globalización no le interesaban las personas, teníais que convertiros en productos para que la sociedad se interesase por vosotros. El capitalismo convierte a las personas en yogures con fecha de caducidad, drogadas a base de espectáculo, es decir, amaestradas para machacar a su prójimo. Para despediros, será suficiente desplazar vuestro nombre por la pantalla hasta el icono de la papelera y luego seleccionar ''vaciar papelera'' en la barra de menú ''especial''; entonces el ordenador preguntará: <<¿Está seguro de que desea borrar este documento? Cancelar. Ok.>> Para quitaros de en medio, bastará clicar OK. Hace unos años, un anuncio decía ''Un pequeño clic vale más que un gran crac'', pero actualmente este pequeño clic puede producir un gran crac.
Puestos a ser productos, os gustaría llevar un nombre impronunciable, complicado, difícil de memorizar, un nombre de droga dura, color caca, ser un ácido muy potente, capaz de disolver un diente en una hora, un líquido excesivamente azucarado, de gusto extraño, y pese a todos estos defectos, seguir siendo la marca más conocida de la Tierra. Os gustaria ser un botellín de Coca-Cola envenenada.
13'99€, Frédéric Beigbeder.